La Cooperativa Agropecuaria Unión y Trabajo de Quitilipi cumplió 87 años de asistencia al sector agrícola del departamento.
En sus épocas de gloria, la entidad se consolidó como una industria importante gracias al acopio de algodón en bruto y al procesamiento en su planta desmotadora para transformarlo en fibra, además de brindar un respaldo integral a los agricultores de la zona.
La institución llegó a contar con más de 800 asociados y generó más de 80 puestos de trabajo.
Ayer su actual presidente, Carlos Tisiotti, heredó de su padre la pasión por el sistema cooperativo. Siendo socio desde joven y habiendo cumplido varios mandatos al frente de la entidad, compartió con la comunidad una profunda reflexión sobre la historia, el presente y los desafíos de la organización.
Pilar para el desarrollo agropecuario
“Claramente fue una institución muy representativa en la comunidad y en el sector agropecuario”, resaltó Tisiotti. El dirigente destacó que la cooperativa favoreció en gran medida a los productores con asistencia crediticia para que pudieran sembrar. Asimismo, aseguró que entre el 80% y el 90% de los chacareros del departamento Quitilipi eran asociados, y que gran parte de la producción algodonera paso por sus instalaciones.
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«Carlos Tisiotti analiza el presente de la cooperativa y recuerda los años dorados del algodón en Quitilipi.»
“Las asambleas en ese momento eran una fiesta para el pueblo”
Tisiotti recordó con emoción a varios de los presidentes que marcaron el rumbo de la organización, comenzando por el primero, Raimundo Martina, seguido por Aldo Martina, Hugo Lucca y José Vodanovich, entre otros destacados integrantes del consejo directivo.
También rememoró las multitudinarias asambleas ordinarias y la presencia de altas autoridades de la época, como el exgobernador Ruiz Palacios y distintos ministros de Agricultura, presencias que movilizaban a toda la comunidad.
El duro golpe de la crisis y el cambio de época
Sin embargo, desde hace varios años la cooperativa atraviesa serios problemas económicos debido a diversos factores. Esta situación forzó la paralización de la industria del desmote, la actividad le daba vida a la institución, generaba empleo para los vecinos y brindaba un fuerte impulso económico a Quitilipi.
En la época floreciente de la producción del “oro blanco”, el departamento contaba con aproximadamente 1.200 agricultores, mientras que hoy apenas quedan entre 50 y 60, reflejando una abrupta caída en la producción. A esto se suma que el equipamiento de la desmotadora quedó obsoleto, lo que dificulta competir con empresas modernas.
Pese al peso de las deudas de arrastre, el titular de la organización manifestó que se encuentran analizando alternativas y buscando la forma de continuar de pie.
“La cooperativa para mí, para mi viejo y para mucha gente es todo”
En el plano personal, Carlos Tisiotti se mostró profundamente agradecido por haber ingresado al mundo del cooperativismo de la mano de su padre, completando un camino que lo llevó de ser productor a dirigente.
“En su momento, sin la ayuda de la cooperativa no hubiéramos podido sembrar mucho tiempo. Nosotros entregábamos el producto para devolver lo que nos daban. Sin embargo, hubo mucha gente que no lo hizo; cada cual con su conducta sabrá”, concluyó, dejando un mensaje de reflexión en este nuevo aniversario.


