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Lo otro como desafío

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Lo otro como desafío 1

Por el profesor de Filosofía: Martín Zapararte

Hace unos días vengo leyendo algunas cuestiones sobre filosofía y debo decir antes de continuar que hay un viejo prejuicio sobre esta ciencia: que no lleva a ningún lado, que da vueltas sobre lo mismo, que no te sirve de nada, que no te ayuda en nada. Que es inútil pensar ciertas cosas y podríamos seguir con un sin número de descalificaciones a esta hermosa ciencia que es la más legendaria y la madre de todas como le gustaba decir a los Antiguos.

Un tema que siempre está vigente en nuestra sociedad y en este mundo del siglo XXI es los otros.

Hagamos una pausa y por un momento pensemos que me genera la palabra el otro, sin pensarlo demasiado, que sensaciones, ideas, imágenes, rostros se me vienen a la cabeza cuando digo la palabra el otro. ¿Qué me surge hacer? Cerrarme, abrirme, cuidarme, alejarme. Quizás sean varias las respuestas según sea ese otro que piense. Si es un pariente cercano me generará una cosa, si es un amigo otra, si es un colega otra, si es un indigente otra, si es una persona de plata otra.

 No caigamos en el pensamiento binario y moralista de pensar ¿qué está bien o mal?, porque eso generalmente nos lleva a tener una mirada muy corta de nosotros, de la realidad y del mundo, nos cierra mundos de posibilidades y nos mata algo hermoso que tenemos, LA CREATIVIDAD. La moralina reinante nos hace enseguida jueces, nos regala un hermoso trono desde donde opinamos como deben ser las cosas, ese famoso deber ser que lo único que hace es dejarnos en el nivel del discurso y muy lejos de la acción. En estos sillones se suelen sentar los juzgadores seriales del Facebook, que viven opinando de qué está bien, quién debe ocupar tal cargo, hacer tal cosa, que si se hace no se hizo como debería y si no se hace viene la queja de  por qué no se hizo. Desde su hermosa ciudadanía Facebuquiana ejerce el derecho a la tiranía de la opinión. Pero a ese otro sólo se lo visualiza desde una pantalla, no en la vida real.

 Por eso siguiendo con nuestro tema del otro, superemos esa dificultad de quedarnos en el juicio moral, en la llamada moralina. Animémonos a pensar con otras categorías más abiertas y que en vez de cerrar abren.

 Después de preguntarnos que nos provocan esos otros, estaría la pregunta de: ¿qué es lo que me provoca ese sentimiento o esa reacción frente al otro?

Me siento cómodo con lo que siento, con lo que hago, con lo que digo. Puedo pensar, sentir, hacer otra cosa, me da miedo, me da inseguridad, no sé cómo hacerlo, hablo con alguien de lo que ese otro me genera?

En la vida social hay dos caminos, la reproducción o la transformación, tanto a nivel macro como micro. Queda en nuestras manos cuál de las dos puertas abro, y según la que abra mi vida puede generar un puente un canal de vida hacia el otro o un muro, una cerca infranqueable.

Un pensador llamado Levinas lo definía con dos palabras: TOLERANCIA que sería la posibilidad de aguantar al otro, como está dado, como viene y seguir controlando uno hasta donde dejar que ese otro esté en mi vida. Y la otra palabra es HOSPITALIDAD, que significa alojar al otro, darle un espacio en mi vida y que decida él donde acomodarse, que tome parte de mis cosas y no se sienta extranjero en mi vida.

Queda en nosotros esta hermosa pregunta que la filosofía nos regala ¿qué me pasa con lo otro?¿qué hago con lo que me pasa, transformo o reproduzco?

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