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Qué vida de humanos!!!!

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Qué vida de humanos!!!! 5

Por el profesor de Filosofía: Martín Zapararte

Qué vida de humanos!!!! 6

Les llamará la atención el título, que debo confesar está inspirado en una tira de TUTE alguien al que admiro mucho y creo que es un fiel predecesor de su Padre. La expresión popular suele decir: “qué vida de perros”, haciendo alusión a un modo de vivir que se aleja de lo óptimo o lo normal y mucho más de un buen vivir. 

Somos nosotros los humanos los que tenemos esa terrible y a veces despiadada condición de representarlo todo por nuestras palabras y eso que es sublime muchas veces se torna ni más ni menos en un hábito espantoso de estereotipar personas, situaciones y demás cosas. Se nos ha concedido la palabra y a veces las usamos para ladrar, triste paradoja.

Hace unos día escuchando a Darío Z en su clase sobre Levinas, contó una experiencia durísima que este  vivió en los campos de concentración nazis, comentaba que cada día, cuando volvían de trabajar en los campos, salía al encuentro de ellos un perrito que giraba en torno a ellos y les jugaba mientras se acercaban al lugar de descanso. Dice Levinas: “era el único ser vivo que se alegraba de vernos y nos transmitía alegría, ni un humano de los que estaba ahí se comportaba como tal con nosotros y menos tener una expresión de alegría”.

 Hasta ahí la anécdota de Levinas que nos deja perplejos y un tanto asombrados si tenemos una pizca de humanidad. Decimos que los humanos llevan una vida de perros pero en ese caso los perros fueron más humanos que los humanos. ¿No habría que decir que vida de humanos al querer caracterizar una vida horrible, una vida triste, una vida vacía? Si los únicos capaces de generar semejantes condiciones de vida somos nosotros no los perros.

Para ir un poco más al fondo de esto, me quedo pensando en lo que Levinas nos propone sobre la alegría, piensen por un segundo si son capaces, de lo que era ese contexto de campo de concentración, y aun así las personas tuvieron la oportunidad de conectarse con la vida, con el deseo, con la alegría, con la vida. No sólo eso, sino que él como tantos otros comentan que son esos pocos momentos de cosas positivas como un perro queriendo conectar con ellos los que les generaba esa tensión hacia la vida y les daba un poco de alegría.

Desde nuestro contexto actual que obviamente no son los campos de concentración, pero sí muchas veces puede que nuestro contexto, Pandemia de por medio, no sea el más alentador, el más alegre, sin sumar la cuestión salarial, la cuestión económica etc etc. ¿Cuánto de nuestro contexto nos lleva a querer estar más conectados con la tristeza que con la alegría?.

Para decirlo metafóricamente: ¿cuáles son nuestros perros? ¿Quiénes son las personas que nos conectan con la vida? ¿Cuáles son las actividades que nos generan bienestar?¿cómo hago para que mi vida aunque el contexto no sea el mejor, no se convierta o no sea siempre un valle de lágrimas?

¿Con qué cosas tengo que cortar para que eso suceda, con qué personas, con qué vivencias que no me hacen bien? Sin dudas, hay cosas que sólo podremos revertir haciendo terapia o buscando ayuda de un profesional, pero a veces las preguntas son como ese perro que juguetea conmigo para que vuelva a la alegría a pesar de los pesares.

Así es la filosofía en lo cotidiano te permite hacerte preguntas, quizás no tengas todas las respuestas, pero sin dudas que te ayuda a salir de los lugares comunes por donde siempre caminas, por donde siempre andas. Las preguntas movilizan, desestructuran, pero también incomodan, cuestionan y sobre todos aumentan nuestro campo visual, o sea podemos visualizar cuestiones que si no estarían las preguntas nos dormimos en la simple realidad de lo que pasa, cuantas veces escuchamos: ¿y cómo querés que esté? ¿mira lo que me pasa? Y la pregunta es si lo que te pasa es determinante de que no estés bien o no sabes cómo salir.

Darnos un tiempo para alojar esas preguntas, para darles entidad y hasta ponernos a pelear con ellas nos pueden ayudar a pensar qué lugar tiene la alegría en nosotros, qué cosas me sacan esa alegría, quienes me roban los momentos de bienestar, son los de afuera, los que me rodean, las preocupaciones, el laburo, los afectos, el pasado no enfrentado, que hace que esté viviendo esta triste vida de humanos?.

No hay caminos únicos, no hay recetas, pero está esa hermosa capacidad que tenemos de filosofar para replantearnos y repensarnos. 

¿Quiero vivir ladrando o sonriendo?

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