Profesor, escritor, investigador: Mauricio Muro

Cada 9 de Julio recordamos la Declaración de la Independencia Argentina. Repetimos los nombres de los congresales, evocamos discursos y celebramos la libertad conquistada. Pero pocas veces nos detenemos a pensar en la mujer que hizo posible que aquel acontecimiento histórico tuviera un lugar donde suceder.
La casa donde se reunió el Congreso pertenecía a Francisca Bazán de Laguna. Aquella vivienda, que hoy conocemos como la casa histórica de Tucumán, fue mucho más que un edificio: fue el escenario donde nació una nación. Sin embargo, el nombre de su propietaria quedó durante mucho tiempo relegado a una nota al pie, como si su presencia hubiera sido un simple detalle y no parte de la historia que construimos entre todos.
La historia oficial nos acostumbró a mirar la independencia casi exclusivamente a través de los hombres. Pero la libertad también tuvo rostro de mujer. Hubo madres, esposas, hijas, enfermeras, mensajeras, organizadoras, espías, patriotas que sostuvieron hogares, protegieron a los revolucionarios, aportaron recursos y asumieron enormes sacrificios para que el sueño de una patria libre pudiera hacerse realidad. Sin ellas, la Independencia habría sido imposible.
Recordar a Francisca Bazán de Laguna es comenzar a reparar una deuda con tantas mujeres que fueron invisibilizadas por los relatos tradicionales. No se trata de quitar mérito a los próceres que conocemos, sino de ampliar la mirada para reconocer que la historia siempre fue una construcción colectiva.

Histórica Casa de Tucumán
Quizás el mayor homenaje que podamos hacerle a Francisca sea pronunciar su nombre, conocer su vida y despertar la curiosidad por descubrir a tantas otras mujeres que también escribieron la historia argentina desde el silencio. Porque un pueblo que solo recuerda a la mitad de sus protagonistas conoce apenas una parte de su pasado.
Que este 9 de Julio nos invite a enseñar una historia más justa y más humana. Que en nuestras escuelas, en nuestras familias y en cada acto patrio haya lugar para las mujeres que sostuvieron la libertad con el mismo coraje que aquellos cuyos nombres llenan los libros.
Nombrar a Francisca Bazán de Laguna es afirmar que la Independencia no fue solamente obra de hombres. Fue el fruto del esfuerzo de un pueblo entero. Y mientras existan mujeres olvidadas por la historia, todavía tendremos una independencia por completar y será la memoria colectiva.
Que esta fecha patriótica nos recuerde que la independencia no estará completa mientras nuestras riquezas, nuestros recursos naturales y las decisiones sobre nuestro destino no estén plenamente al servicio del pueblo argentino. Honremos a las mujeres y hombres de 1816 comprometiéndonos a recuperar, defender y preservar aquello que pertenece a la Nación. Porque la Patria no se entrega, no sé vende, se construye, se protege y se lega con dignidad a las generaciones futuras.

